domingo, abril 12, 2015

Va de Frases #11: Otra vez Tú


Saludos amig@s aqui les traigo una nueva entrada de la sección de "Va de Frases", de un libro de Alice Kellen que me encantó, es corto pero bonito. Así que quiero compartir alguna frases de este libro. 


Me froté las manos en los pantalones vaqueros, algo nerviosa.―Oh, bueno, gracias, pero no era necesario ser tan…Me quedé muda cuando mi supuesto salvador alzó la cabeza y nuestros ojos se encontraron. Literalmente, dejé de respirar. Y estaba segura de que, a diferencia del chico que acababa de escapar, yo sí moriría de un momento a otro, por eso que dicen de que los humanos necesitamos oxígeno y tonterías varias para seguir con vida.         Porque os aseguro que, cuando hace más de un año que no ves a tu ex prometido y te lo encuentras de sopetón, no-puedes-seguir-respirando. Da igual lo mucho que te esfuerces por hacerlo, especialmente si él continúa mirándote fijamente con sus encantadores ojos azules y, pasados unos instantes, te dedica su sonrisa más irresistible.



―Es increíble, ¿cuántas posibilidades existen de que te cruces con tu ex prometido, teniendo en cuenta que en Estados Unidos hay más de 313 millones de personas?


―Sí, lo sé. Leí en un artículo que era súper importante untarse bien de crema. Aunque pueda parecer excesivo, así a primera vista, es primordial si no quieres que en el futuro te salgan manchas en la piel porque… Dejé de hablar cuando los dedos de Alex rozaron mis labios. Ante el brusco silencio, él pareció volver en sí y dio un paso atrás.―También tenías crema en la boca.


Me incliné hacia Alex.―Escúchame atentamente ―susurré―. Podemos escapar por la ventana. Es grande. Cabemos. Lleva las llaves de la moto en la mano, así no perderemos tiempo ―añadí al tiempo que conseguía abrir el ventanal. Me sentía un poco como Bruce Willis a punto de hacer estallar un coche por los aires para salvar a la humanidad de un ataque terrorista.



Inclinó su cabeza escondiendo su rostro en mi cuello e, inmediatamente, sentí la humedad de sus labios cuando comenzó a depositar pequeños besos por mi clavícula. Me estremecí de los pies a la cabeza. Era una sensación extraña pero, al mismo tiempo, agradablementefamiliar.



Pero, dado que lo único que hice fue mirarle ligeramente embobada, Alex sujetó mi rostro entre sus manos y me besó, con tal intensidad que me temblaron las piernas. Fue como si de pronto olvidase todo lo malo que había ocurrido entre nosotros, porque besarle se me antojaba algo tan natural como respirar. Y su atrayente aroma era tan reconfortante… tan…normal…


―Tienes razón, debería relajarme. Creo que lo único que necesito es echar un polvo ―abrí la puerta del coche con un fuerte estirón―. Gracias por tus consejos.―¿Qué?Alex me sujetó de la muñeca, impidiendo que entrase en el vehículo. Tenía la mandíbula en tensión y su mirada era tan intensa que quemaba. En medio de la oscuridad, no podía distinguir el palpitar de la vena de su cuello, pero estaba segura de que en aquel mismo instante se estaría volviendo loca. Por retorcido que pudiese parecer, me sentí aliviada allograr algún tipo de reacción por su parte, como si así me demostrase a mí misma que, muy en el fondo, no le era totalmente indiferente.



Alex emitió una profunda carcajada, sorprendiéndolos a ambos.—¿Qué si le he hecho daño? —se burló, todavía sonriendo—. No, no, ustedes no están entendiendo de qué va todo esto. Ella es el demonio. El anticristo —aclaró, gesticulando excesivamente con las manos.


"—¡Joder! ¿Tú te estas oyendo? ¡Me pediste que me marchase! ¡Dijiste que querías cancelar la boda! 
—Dije muchas cosas a lo largo de nuestra relación y jamás me hiciste caso! Y ésa, ¡ésa fue la primera y la última vez que hiciste lo que te pedí!"



Fue entonces cuando me di cuenta de que llevaba un vestido blanco―totalmente empapado―, que se transparentaba completamente. Ahogué un gemido al observar mis propios pechos, con los pezones ligeramente erguidos, que parecían luchar contra la fina tela que los retenía. Alex dio un paso al frente. Tenía los ojos más oscuros de lo normal, de un azul peligroso e intenso, con las pupilas dilatadas, y esa expresión ardiente en su rostro que tan bien conocía.Abrí la boca, dispuesta a decir algo, cualquier cosa… Pero antes de que pudiese pensar una sola palabra, él rompió la escasa distancia que nos separaba y apoyó ambas manos sobre la repisa de la cocina, rodeándome, impidiendo que pudiese escapar. Inclinó la cabeza para poder mirarme fijamente a los ojos, antes de decir:―No puedo aguantar más.


—No te has ido —dijo, recalcando lo evidente.—No —negué con la cabeza, para enfatizar más, por si todavíaalbergaba dudas de que realmente estuviese allí, frente a él.—Y no vas a irte —insistió, aunque no llegó a ser una pregunta.—No.—Te quedas conmigo.—Sí.Sonrió y unos atractivos hoyuelos se formaron en sus mejillas.—Entonces, me quieres.—Sí.





1 comentario:

  1. Hola:D Cuantas citas!!! Me gustan mucho, así que me apunto el libro haber que tal *_* Un besin

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