domingo, julio 27, 2014

Va de frases #6: Segunda Tumba a la izquierda








"Me llamo Charlotte Davidson: detective privado, asesora de la policía y no hay quien pueda conmigo. O no lo habría de haber continuado con las clases de artes marciales mixtas, aunque solo me apunté para aprender a matar con un papel. Ah, claro, sí, y no olvidemos lo del ángel de la muerte."
"Los ángeles de la muerte son para morirse".
 (Camiseta que suele llevar CHARLOTTE JEAN DAVIDSON, INCOMPARABLE ÁNGEL DE LA MUERTE)

—Aquí hay alguien que quiere verte —dijo, como si estuviera enfadada.
— ¿Hombre o mujer?
—Hombre. Es...
— ¿Tiene pinta de testigo de Jehová?
Parpadeó, sorprendida.
—Eh...no. ¿Es que ahora tenemos problemas con los testigos de Jehová?
—Ah, no, en absoluto. Es que esta mañana le he cerrado la puerta en las narices a una pareja de testigos y pensé que igual habían enviado a los suyos tras de mí.
Cookie sacudió la cabeza.
—Es tu tío Bob.
—Peor aún. Dile que no estoy.
— ¿Y con quién crees que pensará que he estado hablando todo este tiempo?

Me recompuse el pelo como pude y eché un vistazo al interior del compartimiento. El fiambre tenía aspecto de haber sido un sin techo en vida. Estaba tumbado hecho un ovillo, en posición fetal, y no nos prestó ni la más mínima atención a ninguna de las dos. Cosa que me chocó bastante, teniendo en cuenta que, supuestamente, yo emitía una luz cegadora. Lo del resplandor de un millar de soles y todo eso. Pues no, ni el más mínimo gesto de que se hubiera percatado de mi presencia. Ni un mísero saludo. Nada. Mudo. Como una tumba. Estaba haciendo de pena lo del ángel de la muerte. Decidido: tenía que buscarme una guadaña." 

¿Sabes esas cosas malas que le ocurren a la gente buena?
Soy una de ellas. 
(Camiseta) 

Tarta de Fresa se encogió de hombros.
-No, dijo que solo tú podías encontrarlo, pero que estás buscándolo con la parte equivocada del cuerpo.
Se me fueron los ojos directamente a la entrepierna sin poder remediarlo.

Sociedad Nacional del Sarcasmo: Como si nos hiciera falta vuestra ayuda.
(Pegatina de parachoques)

-Si esperamos, Charley, la poli llegará en cualquier momento –dijo. 
-También podemos coger al señor Chao, salir cagando leches por la ventala de atrás y esperarlos ahí fuera.
Una nueva ráfaga de balas atronó a nuestro alrededor. 
-Hijo de puta –masculló Garrett mientras los proyectiles rebotaban en todas direcciones-. ¿Se puede saber quién coño es?
-Ah, sí, se me olvidó mencionar que me dijo su nombre. Es Salgamos-de-aquí-cagando-leches Redenbacher. 
-Toma, coge esto. –Se llevó la mano a la espalda. 
-¿Es una tarjeta para librarte de salir-de-aquí-cagando-leches?
Me puso una pequeña pistola en la mano izquierda.
-Tío, soy diestra.
-Charley –dijo, con voz exasperada.
-Es solo para que lo sepas.

Igual que el diablo, Niña Demonio tenía muchos nombres. Niña Demonio sin ir más lejos, pero también estaban Engendro Infernal de Satán, Ojito Derecho de Lucifer, Tarta de Fresa, o para abreviar, una de mis favoritas, TF, que coincidía con <<Toda una Fiera>>. Era la hermana pequeña de Taft y había fallecido cuando ambos eran unos críos. Taft había intentado salvarla de morir ahogada y había pasado una semana en el hospital con neumonía a consecuencia de ello. Ella no lo había abandonado desde entonces. Hasta que dio conmigo. E intentó sacarme los ojos sin motivo. 

La primera vez que nos habíamos visto, iba sentada en el asiento trasero del coche patrulla de Taft, quien me había recogido en la escena de un crimen para llevarme a casa. Tarta de Fresa creyó que estaba interesada en su hermano, me llamó zorra asquerosa e intentó dejarme ciega. Aquello me dejó marcada.

Su voz grave y profunda reverberó a través de mis huesos y los licuó desde la médula. Hice todo lo posible por concentrarme en sus palabras y apartar mi atención de la agitación que provocaba cada sílaba, cada roce. Era como un chute de heroína recubierto de chocolate, y yo, una auténtica adicta. Lo había tenido dentro de mí. Había conocido el cielo durante un breve instante y la experiencia había traspasado de tal modo los límites de la realidad, había sido tan demoledora que estaba segura de que jamás podría estar con otro hombre. Porque, vamos a ver, ¿quién iba a competir con un ser creado de belleza y pecado y forjado en el fuego abrasador de la sensualidad? Era un dios entre los hombres. Maldita fuera.

“Unos grandes pechos conllevan una gran responsabilidad (Camiseta)”

—¿Hay dos hombres de negro en el despacho?
—Bueno, sí, aunque en realidad visten más de azul marino.
Mierda, mierda, mierda. No tenía tiempo para aquellos tipos. Vistieran del color que vistieran.
—Vale, dos preguntas: una, ¿parecen enfadados? y dos, ¿están buenos?



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